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18 de julio de 2026 · 11:30

En contextoEditorialEconomía23:55 · 17 de abril de 2025 · Noche

El racionamiento eléctrico de 1992 arranca en marzo y dura más de un año

La sequía deja los embalses en mínimos y el país queda con cortes diarios de varias horas, además de un cambio de hora nacional.

Óscar VillamilEditor internacional4 min de lectura · Colombia · 1992

Colombia entra en racionamiento eléctrico en marzo de 1992 y no sale de él hasta abril de 1993. Durante trece meses, buena parte del país tuvo cortes programados de varias horas al día, en algunos periodos de hasta ocho o diez.

Clave

El detonante fue climático: un episodio de El Niño redujo las lluvias y los embalses de las hidroeléctricas quedaron en niveles críticos. Pero la sequía solo explica el momento, no la vulnerabilidad. El sistema eléctrico colombiano dependía entonces de la generación hídrica en una proporción muy alta, sin respaldo térmico suficiente para cubrir un año seco.

A eso se sumó el retraso de la central del Guavio, un proyecto que debía haber entrado en servicio años antes y que acumulaba sobrecostos y problemas técnicos y judiciales.

Cómo se vivió

  • Los cortes se anunciaban por sectores y horarios en la prensa y la radio.
  • La industria ajustó turnos; el comercio y los hogares se organizaron alrededor de la franja sin luz.
  • Velas, plantas eléctricas y linternas se agotaron en el mercado.
  • El gobierno de César Gaviria adelantó la hora oficial en sesenta minutos para aprovechar mejor la luz del día, medida que se mantuvo desde mediados de 1992 hasta abril de 1993 y que la gente bautizó con el apellido del presidente.

Lo que hay que leer aquí

Un apagón de trece meses no es un accidente meteorológico. Es el resultado de haber construido un sistema con un solo tipo de fuente y de haber aplazado las obras que debían diversificarlo. La lección la sacó el propio Estado dos años después: las leyes de servicios públicos y del sector eléctrico de 1994 crearon un mercado mayorista, separaron generación, transmisión y distribución, y establecieron un cargo destinado a pagar disponibilidad de respaldo, no solo energía entregada.

Ese esquema es el que ha permitido sortear los episodios de El Niño posteriores sin repetir el racionamiento, aunque a costa de tarifas más altas y de discusiones recurrentes sobre el pago a plantas térmicas que operan pocas semanas al año.

Lo pendiente

La dependencia hídrica sigue siendo alta. Cada temporada seca reabre el mismo debate, y los episodios de 2015 y de 2024 mostraron que el margen no es amplio. Lo que cambió no es la hidrología: es que ahora existe un mecanismo para pagar por tener capacidad ociosa esperando el año malo.

El horario volvió a su hora habitual en abril de 1993 y el país no ha vuelto a mover el reloj desde entonces. Colombia está sobre el meridiano que le corresponde y, por su posición ecuatorial, la duración del día apenas varía a lo largo del año, de modo que la medida solo tiene sentido en una emergencia.

Quedó, eso sí, el nombre. Treinta años después mucha gente sigue llamando hora Gaviria a aquel adelanto de sesenta minutos, que es la manera coloquial de recordar que el país estuvo más de un año organizando su vida alrededor de un tablero de cortes.

«Un apagón de trece meses no es un accidente meteorológico.»

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Temas

  • apagon
  • energia
  • electricidad
  • gaviria

Fuentes: Basado en documentos del Ministerio de Minas y Energía sobre la crisis de 1992 y en el contenido de las leyes 142 y 143 de 1994.

Firma

Óscar Villamil

Editor internacional

Sigue agencias y husos horarios. Explica por qué lo lejano llega a la mesa del desayuno.

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